Eres raro. ¿Yo? ¿Nos conocemos? Supongo. Ah, pues encantado. ¿Has visto? Eres raro. Bueno, posiblemente no más que tú Si dices eso es porque me conoces. No, lo digo porque soy raro. No le busques ninguna explicación. ¿Y lo haces para impresionar? ¿A ti te impresiona? A mi me fascina. Entonces lo haré para fascinar. ¿Y que se siente? ¿Conoces esa sensación de tener a la gente pendiente de ti? Yo no estoy pendiente de tí Bueno, me estás hablando. ¿Que buscas la fama? Ya la tengo ¿ O acaso no te das cuenta? Me sigues fascinando Entonces estaré haciendo bien mi papel ¿Y cuál es el mio? Depende ¿De que? De si cuando acabe la noche te has acostado conmigo Eres de los de la vieja escuela Sexo, drogas y rock and roll Eso dicen Yo también lo digo Si, eres como un Rolling Stone
Desde la ventana de mi habitación se ve el invierno que al menos a mi ciudad ya ha llegado. No es que haya nieve, ni un frío excesivo, tampoco están colgadas las lucecitas de navidad, porque a mi barrio, que es un barrio obrero, esas cosas no llegan.
Digo que ha empezado el invierno porque la gente se va transformando, y allí dónde antes había prisa, ruido y vértigo durante el día, para dar paso a ese ritmo cadencioso que acompaña a los paseos veraniegos de los que trás 8 horas trabajando quieren respirar el aire fresco; ahora uno se encuentra con ese murmullo que acompaña a los días previos a las vacaciones. Todos sentimos, al menos en mi barrio, esa sensación de cosquilleo, no por la navidad, ni por la nieve, ni siquiera el frio que nos obliga a taparnos, incluso me atrevería a aseverar que tampoco es por el reencuentro con la familia que durante al año acampa fuera de la muralla. Es ese algo especial que, en mi ciudad, se siente cuando a las 8 de la tarde o las 8 de la noche, dependiendo de la época, uno puede salir a la calle y encontrar gente.
Desde mi ventana, que da a una pequeña plaza, dónde sólo entra el frío y rara vez se ve gente si no es para esconderse de las miradas, empieza a verse movimiento, aunque sólo sea el de coches que llegan y van, o el de las bolsas del supermercado llenas para recibir a la familia en unos días. Desde mi ventana, estos días se puede sacar la nariz durante unos segundos antes de que se te ponga roja y sentir como estas solo, como todas las luces de las ventanas, están ocupadas frente al televisor, como sin darse cuenta, están perdiéndose que llega el invierno. Siempre que llega esta estación me alegro de vivir en mi pequeño barrio obrero, sin ruido, sin gente, sin luz, tan lejos y a la vez tan cerca; me alegro de poder por unos instantes sentirme como hace años, cuando no había coches apenas, cuando se reunía de verdad toda la familia, cuando las ciudades no dejaban de ser grandes pueblos.
Lo que no puedo ver desde mi ventana es la calle principal de mi ciudad abarrotada de gente, por eso me gusta tanto salir a la calle y ver lo que podríamos haber sido si el destino no nos hubiera guardado tan futil final. Es curioso, pero cuanto más tranquila es una ciudad, más adoramos el bullicio de unos días, y sin embargo si viajamos a otra ciudad, nos perdemos en ese bullicio.
En defenitiva, aunque el calendario no marque lo mismo, hoy para mi comienza el invierno, al menos en mi ciudad, en mi barrio y en mi ventana.
A las personas les gusta la monotonía, el no pensar, algo asi como no tener libertad para no tener que pensar, el acomodamiento. Aunque siempre nos quejemos de que no podemos decidir, elegir, de que no tenemos tiempo para hacer lo que nos gusta, que vivimos presos de nuestras tareas, en verdad disfrutamos con esta falta de libertad.
Yo también disfruto con ese guión marcado del que casi no puedo salirme, incluso diría que muchas veces cuando creemos salirnos del guión seguimos dentro de él. Digamos que cuando una semana pasa con la tónica habitual de stress durante toda la semana y de fiesta durante el fin de semana, acabas con esa sensación extraña de felicidad, pese a quejarnos constantemente.
Pero, ¿que es lo que ocurre cuando todo se cambia? Parece que existe un punto de inflexión, un día en el que parece que todo cambia; un segundo, un minuto, una fecha o un instante en el que notas que pasa algo raro; en el que tu mundo se desmorona, el guión se descompone y todo lo que hasta ese día era tu día pierde su sentido.
En vias de un gran cambio escribo esto, porque la nave de mi vida no se hacia donde se dirige, porque tiene el rumbo cambiado, perdido, he perdido mi guión. Necesito un timón.
Cada vez que se deja un camino atrás es inevitable mirar por última vez y recordar los momentos que este nos ha ofrecido. Cuando abandonamos un lugar que ha sido nuestro durante un tiempo, siempre se queda algo de nuestro alma impregnada entre esas paredes (reales o ficticias) que nos hace sentir escalofrios al irnos; nos hace sentirnos tristes y nos deja durante unos días tocados en el alma.
Algo asi ocurre cuando acaba el verano, o al menos cuando acaba la temporada completa en el pueblo. Siguen quedando fiestas, se sigue yendo algún fin de semana e incluso sigues en contacto (que grande la era de las comunicaciones) con toda esa gente, pero ya no es lo mismo. El día que abandonas en tu coche el pueblo vas mirando todos los rincones plagados de momentos que te han acompañado durante estos meses: las casas vacias dónde hasta hace unos días se respiraba el olor a vacaciones de quien escapa del mundanal ruido; las calles con un poco de hojarasca sustituyendo a los niños que correteaban arriba y abajo; la soledad de las noches dónde la música, los gritos, y el ruido en general han dejado su lugar a un respetuoso silencio, ese silencio que solo se puede escuchar mirando a las estrellas...y por un momento, mientras el coche va caminando hacia Zamora, tu mente sigue en tu pueblo, haciendo un viaje por todas las anécdotas que se han sucedido a lo largo del verano (bendito verano).
Y quizás cuando llegas a Zamora, con una sonrisa en la boca, lágrimas en los ojos y un añejo recuerdo a campo te das cuenta de que no queda tanto para que llegue otro verano, pero que mientras podremos seguir recordando esos momentos que años más tarde seguiremos recordando.
P.D: No se porqué, pero en estos días de sindrome post-vacacional, esta canción me recuerda mucho al pueblo, será porque es la canción de Dieguito, El Campo.
Penumbra de la noche, entre farolas solitarias y la oscuridad de una noche con luna menguante avanzada, en las calles solitarias de un pequeño pueblo, solos, sin mas ruido y compañía que los últimos grillos despiertos, estaban ellos alli, llevando ella la iniciativa, acercaba su cabeza lentamente hasta que él pudo sentir sus suaves labios carnosos que, sabe dios si ella deseaba, pero que él, en aquel momento, parecia desearlos desde toda su vida, como si aquel fuese el último momento que los tendría cerca.
Aquel momento, aunque solo duró un segundo escaso, quizás menos, ese tacto, esa sensación, inundó a ambos de sensaciones. Quizás él sentia algo más, no solo porque desconociese los sentimientos de ella, si no que los sentimientos propios eran tan intensos como profundos. Ella sin embargo, se mostraba un poco indiferente, quizás para ocultar sus sentimientos cual tesoro que no debe saberse de su existencia, o quizás porque su indiferencia era real... yo desconozco la respuesta ¿él? Era pesimista por naturaleza...
La verdad es que aquel segundo, aquel puñado de milésimas, pudo valer por más que varios años en las vidas de ambos y los años que perdurará ese recuerdo, posiblemente, inmortal. Aquello fue un momento mágico, intenso, emotivo... era el momento de ambos... era su momento.
Oscuridad impregnada por algún foco despistado, nervios, sudor frío, empujones, impaciencia, gritos y sobre todo el corazón acelerado; un corazón que no se mide en pulsaciones, sino en tiempos, en blancas, negras, corcheas y fusas. Un corazón que va a ritmo de batería, bajo y guitarra. Un corazón de rock and Roll.
Cuando puedes presenciar un buen concierto de rock, cuando puedes sentir el aliento del cantante a menos de 5 metros, cuando te sientes tan cerca que entras dentro de la canción y sobre todo cuando en el estribillo de esa canción que has tarareado varias veces en casa te quedas sin aire, sin voz, sin fuerzas...es que de verdad estás disfrutando de un gran concierto. Hoy, como ayer me reafirmo, en que mi corazón necesita cada cierto tiempo esas dosis de alegría que le dan estas notas endiabladas, necesita ese frenético desenfreno de sentirse por un momento el artista principal de una canción.
Y por un momento puedes cerrar los ojos y sentirte en la primera fila del concierto de Piperrak en el Extremúsica, en medio del mogollón del Rock am Ring mientras suena Nothing Else Matters, o escuchando las primeras notas del Avant de Obrint Pas en el Derrame Rock. ¿Sueños? Pienso que no, promesas que algún día se cumplirán. Vivir un festival de esos debe ser una sensación parecida a la de comer chocolate cuando realmente lo deseas, una sensación que te llega a un estado de felicidad total, que hace que todo lo demás durante unos días no importe. Alomejor un día, dentro de unos años…la gente desea venir al Lijabarda. Eso si que sería un sueño.
Y lo bueno que tienen los festivales es que caben tantos estilos y tan distintos, y verdaderamente tan buenos, que te hacen disfrutar y no ver pasar las horas. Y si vas a ver a Def con Dos te puedes encontrar con que al día siguiente te has bajado (uy! se me ha escapado) la discografía de Mala Reputación, de que tienes un recuerdo imborrable de Lujuria, que Klanghör cada día son más espectaculares, que cuando a Listea le den una hora mas nocturna harán vibrar la público y que Punkats son unos jodidos de la ostia. Pero sobre todo eso te das cuenta de que cada vez que vas a un festival rejuveneces y de que pese al cansancio de 7 o 8 horas de pie, saltando, gritando, sonriendo; pese a no poder levantar más los brazos, no poder mover las piernas si no es arrastrando los pies y no poder hablar más alto que lo que tus afligidas cuerdas vocales consiguen sacar a estas horas...Te das cuenta de que volverías a repetir en ese mismo momento, de que vuelves a tener 15 años.
Y he prometido a alguien no hablar (hoy al menos) del gran maestro Kutxi, de la grandeza del Kolibri o del carisma del Piñas. Pero un día dijo Kutxi que si no querías a Barricada no querías a tu madre. Yo pienso que si no disfrutas en un concierto de Marea es que no amas el Rock and Roll. Y hoy mi corazón ya no late con pulsaciones, hoy mi corazón es de mimbre que no se rompe, es lo que tenemos los perros verdes que un día soñamos con ser como Marea para dormirnos con su nana de quebranto.
Ayer, con una amiga de toda la vida, una amiga muy especial de la infancia, nos pusimos a recordar viejos tiempos, de cuando eramos pequeños, de cuando ibamos a clase. Algunos dirán ya solo con ésto: "mira éste, como si fuera un viejo..." y no, no lo soy, pero a veces lo siento.
La cuestión es que empezamos a recordar, que habrá sido de éste, y que habrá sido del otro... y recuerdas aquella profesora o aquel profesor que... ¿Que habrá sido de aquellos que entonces eran tus amigos y tus no amigos también? Esos con los que jugabas en el patio de recreo o esos con los que te peleabas vete tu a saber por que... ¿A que se dedicarán ahora? ¿les irá bien? ¿les irá mal? Por supuesto salió el tema de que cuales eran nuestras preocupaciones de por entonces: ninguna. Yo recordaba que lo único que me preocupaba del dia a dia era no olvidarme llevar a clase unas cartas de tanques y aviones con las que jugabamos en el recreo. Ella me recordaba las peleas que teniamos en vacaciones por los juguetes o por jugar con alguien. Recordábamos los recreos, las clases de gimnasia, los profesores, los compañeros de clase, la hora de salir, los pasillos... el colegio.
Comentabamos también el cómo sería un reencuentro ahora de todos los de aquel entonces. Ver como ha cambiado la gente o como no han cambiado algunos. Volver a reencontrarte con ellos, con tu infancia. Recordar mejor aquellos tiempos que, aunque por aquel entonces puede que quisieras que pasaran, ahora recuerdas con nostalgia. Y no solo eso, si no también, aunque nos cueste reconocerlo, alardear de nuestros triunfos en la vida, de lo que somos y hemos hecho durante este tiempo.
La verdad esque no voy a negar que echo de menos la amistad que tenia, no sólo con ella, buena amiga en el presente, pero que antes éramos como hermanos... si no con mucha más gente también de por aquel entonces. Aquellos amigos con los que jugaba a la consola, que cada tarde quedabamos en la casa de uno para jugar a nuestras MegaDrives y Nintendo a la vez que merendabamos nuestro bocadillo de nocilla o jugabamos al fútbol en el parque. ¿Típico? No... nuestra historia.
Wheatus - Teenage Dirtbag (2000)
Dedicado con mucho cariño a ella, a Gema. Ojalá no perdamos la amistad nunca.
Estaba pensando el otro día que cual había sido mi mejor concierto. La verdad es que tengo muchos recuerdos de muchos de ellos, pero si hay alguno que tengo marcado es el de Marea hace ya algunos años. No es que sea uno de esos grupos de los que siempre haya dicho tengo que verlos en concierto como podría ser dentro del rock estatal Barricada, Extremoduro, La Polla Records...pero es un grupo que me gusta. Y pensando esto y sabiendo que el sábado vienen a Zamora de nuevo con un disco que me ha hecho ilusionarme de nuevo con este grupo, tengo ganas de volver a disfrutar con ellos. Es ridículo pero ahora necesito estímulos para caminar, pequeñas cosas que me aplanen el camino, metas volantes para proseguir la carrera. Esta es una de ellas.
Un suceso puede cambiar el rumbo de nuestras vidas.
Una persona puede cambiar incluso los mapas que ahora conocemos. Un error puede ser la barrera que separa la alegría de la tristeza. Una décima ha decidido campeonatos. Un gol ha sido juez de la gloria o de la mayor de las tragedias. Un beso es uno de esos momentos imborrables que se guardan eternamente en nuestra memoria. Un encuentro casual puede variar los bioritmos de una época de nuestra vida. Una mala elección puede perseguirnos hasta el fin de nuestros días. Un día puede cambiar todo.
Si eso pueden hacerlo un día, una persona, una elección...¿Que ocurre cuando se juntan?
¿Que es verdaderamente un sueño? ¿Que son los sueños? A simple vista se me ocurre decir que un sueño es algo por lo que toda la vida luchamos. Se podría decir que es un imposible, o al menos un inimaginable que nos ayuda a seguir adelante. En una definición mas personal yo diría que los sueños son las cosas que durante el tiempo que estamos despiertos (o al menos conscientes pues soy partidario de soñar despiertos) no nos atrevemos o no podemos realizar. En último lugar podríamos soñar con cosas que verdaderamente han ocurrido, pero siempre se le añade un matiz que no ha ocurrido, un matiz que nos hubiera gustado que ocurriera.
Los sueño pueden parecer algo banales, sin importancia, pero grandes mentes de nuestro siglo se han dedicado a su estudio. A todos os vendrá la cabeza Freud, aunque no ha sido el único. Pero no me quiero parar a analizar lo que Freud dijo sino el analisis diario que todo el mundo hace. Todos, alguna vez en mayor o menos medida hemos analizado un sueño que hemos tenido.
Ahora bien, el problema viene con los sueños que son realidad y nunca fueron sueños. Durante nuestra vida diremos varias veces: "Siempre he soñado con..." o "Desde pequeño quise ser..." Pues bien, hay casos de sueños o falsos sueños con los que nunca has soñado, ni te lo has planteado y nunca dirías las frases de antes. Sin embargo si se planteara la posiblidad no lo dudarias ni un segundo. Parece una bobada, pero, ¿esto son sueños?¿cuando un sueño se convierte en realidad deja de ser sueño?¿existen de verdad los sueños?
Se admite cualquier tipo de respuesta a las dudas existenciales que hoy giran en mi turbia cabeza.
¡Qué difícil puede ser tomar una decisión y que fácil en determinadas ocasiones! Cuando se da el segundo caso, ni lo consideramos apenas decisión, pero en cuanto hay que evaluar la situación y sus consecuencias... la cosa cambia. Y me refiero a cualquier tipo de decisión, desde elegir la cafetería en la que tomar el café de a media mañana a la del "si, quiero" en lo alto de un altar que decidirá el resto de tu vida... o al menos, la de un par de meses.
Cuando se te presenta una decisión más o menos dificil, lo primero que haces es evaluar los "pros" y los "contras" que conllevan cada consecuencia, el "que pasará si hago esto", pero muchas veces, por muchos puntos que saque de ventaja una de las alternativas sobre la otra, o incluso sobre las otras si son más de una, la duda continua. Y la verdad esque tomes la decisión que tomes, será la acertada ¿quién te dice a ti que si hubieras escogido la pastilla roja no hubiera sido incluso peor?
Recientemente se me ha planteado una situación en la que sigo evaluando, y no se decidir. Soy incapaz, evaluo, evaluo y aún sigo evaluando, pero no consigo decidir. Es una de esas decisiones que va a decidir tu futuro cercano, y no me refiero a mañana si no a los próximos meses. Cuando casi te has decandado definitivamente por una de las opciones, te vuelve a entrar la duda y te echas atrás. Y por más que pienso en decidir ya, que haga lo que haga habré hecho lo correcto, es como una fuerza magnética contraria: no te deja avanzar aunque no lo ves, aunque nadie o nada te agarra.
¿A ó B? ¿Si ó No? ¿0 ó 1? ¿Presionar el botón o no hacerlo? Aqui no hay tonos grises, o es blanco o es negro, pero tienes que decidir ya o la decisión lo hará por ti, y no serán buenos resultados ¿o si?
Pero tenlo siempre en cuenta: Por cada decisión, hay una consecuencia...
Era viernes, y como cada viernes me disponía a retirarme de la sociedad, me obligaba a buscar en mi yo interior apoyado en la barra de algún bar. Ese viernes como los demás elegí un lugar tranquilo, un bar céntrico dónde se daban lugar las almas más perdidas de toda la ciudad.
Como casi siempre, había un sitio para mi, se podría decir que era mi sitio. Apartado, prácticamente en una esquina, dónde la oscuridad era máxima e incluso el humo de los cigarros no hacía su aparición en aquel lugar mágico.
Era viernes, y los viernes no me apetece dañar en exceso mi hígado así que preferí darle a la malta. Una, dos, tres...supongo que las cervezas van cayendo a un ritmo constante mientras la cabeza se dedica a hacer su trabajo. Es como el constante llover en un pueblo abandonado, una visión bucólica de la utopía.
Las cervezas seguían su ritmo hasta que ella se sentó, justo al lado. Acercó el taburete más próximo hasta casi rozarme. Dos whiskys dobles, se acabo la época de la cerveza. Y así como llegó, se marchó; con el vaso en la mano y moviéndose lentamente, como diciendo ¿quieres jugar?
La vida es una constante improvisación. Por mucho que planees las cosas, siempre hay un momento en el que improvisar movimientos, frases, hechos; es la clave para resolver la situación. Claros ejemplos de este arte están en la música (Jazz, solos de guitarra, solos de batería, etc...) o en el teatro (frase que se olvida y hay que salvar los papeles y salir de cuan incómoda situación) o incluso en los escritos más humildes como este blog. Estas palabras que ahora mismo narro es pura improvisación mientras escucho Jazz que me hace recordar lo importante que es tener una buena capacidad de improvisación, de reaccionar de modo impulsivo. Creo que sin esta capacidad o sin saber desarrollarla, pues no creo que nadie carezca de ella, la vida se plantea mucho más dificil y multiples de obstáculos nos serán imposibles de superar.
Los que me conozcais, os parecerá raro este video/canción que adjunto, y los que no me conozcais... seguramente también. Pero, personalmente, el Jazz es la primera asociación que hago con el tema de este post.
The Dave Brubeck Quartet - Take Five (1961)
¿No sabes/no tienes nada que comentar? Improvisa... ;)
Vuelvo a kronania... ¿Con fuerzas renovadas? No... ¿Con más ganas? Tampoco creo... ¿Con ilusión? La que he tenido toda la vida... pero echaba de menos este rincón donde perderme junto a todos esos sueños. Es como volver a una casa de la que nunca me he ido, es como cuando te vas a estudiar a un piso a otra ciudad, pero sigues volviendo a tu casa de siempre, hasta que un dia decides que quieres volver a llenar tu habitación de posters, poner tu música, tu caótico orden personal... es volver a tu casa, de la que no te has ido, pero si te has distanciado.
Vuelvo a compartir mis tonterías, mis pensamientos, a desahogarme de cuando en cuando... y os invito a volver conmigo, animaros a aparecer más por este rincón donde hay mucho que explorar, mucho que decir y por supuesto, mucho que soñar. Os invito a salir del anonimato, a participar y dejar aunque solo sea un "yo estuve aqui", os animo a dejar de ser un mero observador y ser un soñador, un habitante de esta villa compuesta por un corsario y un futbolista... ¡que ambigüedad!
Si el tiempo y la agenda que no tengo, me lo permiten, intentaré escribir con una cierta frecuencia aunque el tiempo puede jugar malas pasadas, como hacerte olvidar... ¿O puede que eso sea positivo?
¿Que queda cuando todo lo demás es igual? ¿Que nos diferencia de las demás personas?¿Dónde se esconde ese gen que nos hace especiales? Creo que cada uno tiene una opinión mas o menos forjada, incluso intuitiva de estas cuestiones. Me atrevo a pensar que incluso un determinista tiene una opinión lejos de la de que todo esta escrito. Yo he estado pensando en ello, creo que influenciado por mis asignaturas filosóficas que estudian al hombre (semiótica, antropología, sociología, psicología...), y he llegado a varias conclusiones; conclusiones que son incluso mas confusas que las propias preguntas.
Como no tenía claro porque estaba pensando en esto, cogí el ordenador, lo llevé al salón y me puse a ver V de Vendetta. Debe ser la enésima vez que veo esta película, pero me sigue gustando. Mientras la veia dijeron una frase...una de tantas que me llamó la atención:
Nuestra integridad vale tan poco... pero es todo lo que tenemos, es el último centímetro que nos queda de nosotros, si salvaguardamos ese centímetro, somos libres.
Como una estrella que deja de brillar. Como la tinta de un boli que se para en medio de un examen. Como las espinas del tallo de la rosa que ya no pichan. Como decir Adios. La misma sensación que quedarse sentado a esperar a que una despedida no sea tan amarga. Es como ver salir ese tren que tu debías coger. Es como sentirse engañado una vez más.
¿Y que se puede hacer en estos momentos además de sentir odio, verguenza y tristeza? nada, absolutamente nada.
Hola. Soy... La verdad es que no te interesa mucho. En verdad creo que no sabes porque estas leyendo esto. Ni siquiera tienes una razón para pensar en que significa esto. Si me pudieras ver pensarias que no te importa mi vida, mi edad, ni lo que yo tenga que contar. No soy parte de tu vida. Podría decirte que tengo...bahh la edad es lo de menos. Alomejor te interesa que te diga que todos los días salgo de casa a las 10 30 de la noche para despejar la cabeza, aunque llueva. Podría decirte que vivo en una calle céntrica de Zamora. Espera, tu alomejor ni siquiera eres de Zamora. Alomejor si que te interesa saber que estudio Periodismo, pero hay más de 5000 estudiantes de periodismo en España, no creo que sirviera de mucho. Podría contarte tantas cosas...no, espera, no te vayas. Sientate otro rato. Quedate frente a la pantalla leyendo lo que pongo. Ninguno de los dos tenemos nada mejor que hacer. Si, se que no es nada interesante lo que te estaba contando, y la verdad es que no voy a contar nada interesante. Que soy feliz, algo vago y muy imbecil, alomejor imbecil suena muy fuerte, digamos que me paso el día haciendo el tonto. En verdad mi vida no daría para un titular, ni siquiera para una hoja 33. Pero me gusta, me gusta mucho. Y ahora mientras te hablo y tu me miras. Mientras ambos estamos pensando en lo mismo me estoy iamginando que tu también tendrás algo que contar y que yo no te escucharé. Igual que habrías hecho tu conmigo, pero no es por venganza, es simplemente mi forma de ser, la forma de ser que me han enseñado. Ahora, supongo que ya nos conocemos, y que no nos volveremos a ver. Pero ha sido un placer haber fingido llevarnos bien
Tan sólo te quedan unas ilusiones en el bolsillo que nunca quisiste tirar en aquella via del tren. Antes de salir de casa lo sabias, las posibilidades de ganar eran nulas, pero tu te plantaste allí delante. Con descaro y algo borracho, bueno unas cervecitas nunca vienen mal. Era el Dia D, la hora H e incluso el minuto M. Era el momento que llevabas esperando toda tu vida. Bueno, quizás decir toda la vida es algo exagerado, pero esta historia la escribes tú, asi que no importa exagerar de vez en cuando. Te sentias como el lobo que ataca a una manada de corderitos y sin embargo sabías que eras tu el que estabas acorralado; el que sentía que su aliento se convertía en vaho porque su sangre era ya horchata. Levantaste la mirada, esquiva como siempre. Segunda planta de un piso de ladrillos viejos. Es curioso lo gracioso que puede ser ver a un joven (¿porqué no? cada uno es joven hasta que se siente viejo) sentado frente a un edificio casi en ruinas esperando al momento que le ha quitado el sueño durante mucho tiempo. Es un poco Matrix y un poco de Los Millonarios. Esesa imagen mitad dadaista, mitad Monty Python que muchas veces has vivido. Y alomejor todo esto que estas pensando, todas estas cosas sin sentido que se te escapan de la cabeza por la imposibilidad de atender a todas, esa sensación de vacío permanente te hacen distraerte de que por delante tuyo, mientras mirabas una absurda ventana de una absurda casa de absurdos ladrillos, en dónde por una absurda coincidencia tenía que dar un vuelco tu absurda vida , pasaba la mujer de tus sueños. Quizás si o quizás no. Pero si sigues mirando la ventana no lo sabras. Bienvenidos al absurdo
Sabes que el brillo de tus ojos te delata. Tienes 31 y no puedes perder. Miras a tu compañero y sabes que no puedes hacerle las señas correspondientes. Tan solo miras y esperas. Estas intranquilo, nervioso, miras el reloj. No podrás aguantar la cara de poker mucho rato. Algo pasa. Intentas no sudar, no mover los pies. Quieres controlarlo todo. Y sin embargo, como sabes el brillo de tus ojos te delata. Es ese brillo de felicidad, el que es capaz de encender las noches más frias. Te levantas y abandonas la mesa. Puedes permitírtelo, estás en Las Vegas. Living Las Vegas
No eras la princesa del cuento y sin embargo nunca renunciaste a besar a las ranas de tu ciudad. No quisiste ser una más en el reino de las piruletas y aprendiste a comerte al lobo. Nunca te creiste los cuentos que te contaban y por eso escribiste el tuyo. Aprendiste a volar antes de que supieras lo que era caminar. Pero hubo un día en que se te olvidó lo que era volar, en que olvidaste como se soñaba despierta y vagabas por las calles de color marrón entre azucenas y margaritas. Y tu pelo, siempre rojo se tiño de un negro caótico quizás gris atemperado. Y los días ya no eran días porque no lo marcaban ni el sol ni la luna porque ambos se escondian de los ojos de los niños para poder dar rienda suelta a su amor. Y entonces quisiste volver a volar, y alzaste los pies al cielo hasta que solo tocaban las puntillas el suelo y notaste, de pronto, que conseguias volver a volar. Y lo mejor de todo es que no volabas sola, que el principe del cuento, con el que un día soñaste, te levantaba hacia el cielo y te llevaba al lugar dónde la luna y el sol se escondieron para siempre